27 de marzo de 2017

Los kirchneristas existen pero el "kirchnerismo" no.

Así rezaría el relato, el mito que intenta imponer en la sociedad el gobierno de Cambiemos, si nos guiamos por las reiteradas afirmaciones de sus funcionarios y de su prensa adicta (mejor dicho, su prensa asociada, de la prensa copartícipe de su llegada a la Casa Rosada).
El macrismo necesita que la sociedad adopte esa creencia para poder explicar, para poder justificar sus medidas de gobierno, tanto las exitosas como las que fracasaron. Necesita que se generalice la idea de que el kirchnerismo fue tan sólo una ficción, una fantasía, un sueño idílico y pasajero en el que la población disfrutó de doce años de logros ilusorios, de conquista de derechos abusivos por no ser sustentables, de lujos populares que iban más allá de sus propias capacidades, como se encargaron de repetir una y otra vez los voceros oficiales y oficiosos del gobierno. Según sus afirmaciones, lo que los argentinos vivimos en la década pasada se trató de un bienestar fugaz, antinatural. Un fenómeno económicamente artificial, una breve primavera en medio de un invierno bíblico que el destino eligió para esta Argentina tercermundista. Un banquete que la población disfrutó graciosamente y que ahora todos debemos pagar con el sudor de nuestra frente. Una pompa de jabón “populista” que estalló precisamente, y por desgracia, con las primeras medidas que tomó Cambiemos ya en el gobierno…
Asimismo, esta tesis considera que el kirchnerismo no se trataría de un movimiento político sino una banda de desvergonzados políticos "populistas" que llegó al poder para enriquecerse aprovechándose de la inocencia del pueblo, creando para ello un “relato” ficticio con el que habría embelesado, hechizado a gran parte de la sociedad que lo votó reiteradamente durante doce años. De esta manera, más que un movimiento político el que gobernó el país desde 2003 hasta 2015 sería un sujeto político dañino, un mero hacedor de ficciones políticas, económicas y sociales, más cercano a la ficción, a la literatura que a la política.
Sin embargo, según esta misma teoría, no ocurre lo mismo con los kirchneristas, los militantes de esa especie de “asociación ilícita” (quienes sí existen para el macrismo) serían los responsables de todos los males que atormentaron al país desde 2003 hasta, incluso de los que está sufriendo hoy mismo, debido a las medidas que el actual gobierno se habría vio obligado a tomar por culpa del estado de deterioro del país que dejó el anterior: la ya famosa "pesada herencia" recibida.
Para Cambiemos, los kirchneristas no profesan una ideología, son pragmáticos, utilitarios, y sólo utilizan los resortes del estado para enriquecerse mediante la corrupción sistemática y manipular al pueblo para perpetuarse en el gobierno.
Los miembros de Cambiemos, quienes se mostraban muy democráticos y republicanos cuando gobernaba el kirchnerismo, ahora manifiestan rasgos antidemocráticos y autoritarios ejerciendo el gobierno. Puede argumentarse que, en realidad, son más antikirchneristas que democráticos, variando sus posturas políticas de acuerdo al lugar relativo que ocupe el kirchnerismo. Es evidente ya su maleabilidad política a través del tiempo. Con el kirchnerismo en el gobierno (al que denostaban por autoritario o dictatorial) ejercían una férrea oposición a él, tanto en el Congreso como en sus presentaciones en los medios; pero con el kirchnerismo en el llano, luego de su derrota de 2015, los macristas en el gobierno (más algunos representantes de otros partidos políticos y varios comunicadores oficialistas) no hacen asco a cualquier medida que evite la vuelta del “populismo K” al gobierno, sea ésta democrática o antidemocrática, legal o ilegal, constitucional o anticonstitucional.
Sin embargo, esta maniobra, esta chicana semántica no es nueva en nuestra historia. Lo mismo se puede observar si se revisa lo sucedido antes y después del derrocamiento del peronismo en 1955; y algo parecido sucedió alrededor del yrigoyenismo a principios de siglo XX. El proceso de degradación simbólica de esos movimientos populares que gobernaron tantos años muestra similitudes sorprendentes en sus enemigos y sucesores en el gobierno, tanto en el intento de desprestigiar a sus líderes como minimizar, degradar sus logros y estigmatizar o despreciar a sus seguidores. No obstante, la misma maniobra ideológica puede rastrearse hasta el Facundo de Domingo F. Sarmiento y sus comentarios y su caracterización del caudillo y sus seguidores. El postulado centrado en la dicotomía “civilización y barbarie” sigue vigente en nuestro país para la derecha argentina, siempre soberbia, racista y autoritaria, tanto en su conceptualización de la sociedad como en su praxis política.
Es por eso que podemos afirmar que para el macrismo y sus vecinos ideológicos (inclusive cierta izquierda), aunque sí existen los kirchneristas, es decir los funcionarios y dirigentes del Frente para la Victoria y el núcleo duro de seguidores “fanáticos” o ultras, lo que no existe es el kirchnerismo como movimiento o expresión política aglutinante, porque no cuenta con un ideario o ideología política, es sólo un conjunto de intereses individuales y egoístas esgrimidos por un grupo de personas que recurren a cualquier tipo de medidas para mantenerse en el usufructo del poder.
Sin embargo, nuestra historia demuestra que cada vez que se puso en funcionamiento este tipo de operación política, ejecutada para invisibilizar, para hacer desaparecer estos movimientos populares, esos intentos fracasaron, incluidos los que utilizaron la violencia y la proscripción política.
Semejante desafío de manipulación semántica de la realidad argentina suele chocar contra la racionalidad, contra el más simple análisis sociológico y antropológico de nuestra sociedad. Es más, hoy en día, ya puede verse el agotamiento de la operación de desprestigio del kirchnerismo, no sólo por el rechazo de gran parte de la sociedad a sus argumentos sino también por la inocultable aparición de los desaguisados y errores del mismo macrismo en el ejercicio del gobierno. Además, hay que reconocer que poco contribuye al propósito oficialista la comparación de las penurias actuales que vive la sociedad con sus recuerdos de lo vivido durante el gobierno anterior. De esta manera, las pretendidas ficciones kirchneristas que alega el oficialismo vuelven a brillar bien reales en el imaginario de la sociedad cada vez que pierde un derecho o un logro o nota que los bolsillos se resienten día a día desde la llegada de la “revolución de la alegría” macrista.

7 de marzo de 2017

El carnaval 2017 le puso música y humor a la crisis macrista...

La murga fue desde el principio un espacio de crítica política, aún en tiempos de dictaduras. Por eso es que la última dictadura 1976/1983 quitó los feriados de carnaval para debilitar la popularidad de los corsos.
El carnaval de este año en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires las distintas murgas hicieron uso de esa tradición popular. 
Una de las murgas destacadas de la ciudad es Los QuitapenasPor eso, Basurero Nacional reproduce aquí una de sus canciones, en este caso el tema sobre la famosa "lluvia de inversiones" prometida por el macrismo, la que se destacó de su número de este año.
Repasemos primero brevemente quienes son Los Quitapenas, según una nota de La Nación, para pasar luego al tema mencionado.

Fue creada en los talleres culturales del Rojas, hace 17 años. De ahí salió. Es decir: no nació en un barrio, sino en un laboratorio. Pero tiene todos los códigos del barrio y de la murga (prueba de ello son discos como Con el corazón en juego para el que, tras un relevamiento histórico, recrearon viejos cantos de murgas porteñas de mediados del último siglo) y a la vez la experimentación con otras disciplinas de la música y el teatro.
Lo interesante es que esta agrupación se lanza a experimentar sobre una raíz que está clara y definida. Puede hacer muchas cosas en el escenario y en los pasillos de la sala donde le toque actuar, pero nunca dejará de lado la danza, elemento fundamental y tan distintivo de la murga porteña. Tal vez por eso la profundidad del escenario siempre queda dividida en dos planos, con su "ballet" adelante y con los músicos y cantantes detrás. Una constante en la que se apoyará todo el espectáculo por más recreación de parque de kermés que se quiera representar.
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Reproducimos ahora en video la interpretación que hicieron en el corso de Boedo sobre la lluvia de inversiones macristas.

Cliqueá acá para ver la canción.







15 de febrero de 2017

Errar es humano, pero errar siempre es de economistas neoliberales...

Para los medios de difusión hegemónicos, que un economista o una consultora erre un pronóstico económico para el año no es suficiente para que no lo vuelva a consultar al año siguiente, y el siguiente y el siguiente... Lo importante de ese pronóstico es si ratifica o no lo que ese medio quiere imponer en el sentido común de la sociedad, es decir, de los intereses de ese medio.
Esto lo venimos probando anualmente en Basurero Nacional desde hace años, e incluso hemos creado el premio anual Manochanta del Año para premiar a quienes equivocan más desvergonzadamente sus pronósticos.
Hoy reproduciremos algunas partes de un texto de un economista que revela lo sucedido en 2016 sobre ese mismo tema, con un par de agregados de otras fuentes.
Veamos lo que señala el economista y profesor universitario Mariano Kestelboim:


Hay una larga lista de pronósticos apocalípticos fallidos a lo largo de la historia nacional; los más recientes fueron grotescos, a pesar de que hayan podido pasar desapercibidos. Consecutivamente, en 2015 y 2016, consultoras muy reconocidas erraron en el signo de variación del PIB. Y, en 2017, vuelven a la carga sin autocríticas y con vaticinios que, otra vez, parecen poco ajustados a la realidad.
En los hechos, a fines de septiembre de 2014 un grupo de once influyentes consultoras preveía una baja del PBI, en promedio, del -0,9 por ciento para 2015 (www.lanacion.com.ar/1731002-preven-un-2015-con-recesion-alta-inflacion-y-reservas-en-baja). La única estimación buena fue la del Estudio Bein, que había previsto un crecimiento del 3 por ciento, muy próxima a la suba real (2,65 por ciento).
En cambio, los titulares de los centros de estudios que después se integraron al gobierno de Cambiemos habían pronosticado una fuerte recesión para ese mismo año. Uno de ellos fue el de Elypsis, Eduardo Levy Yeyati, quien asumió en el directorio del banco BICE. Su consultora había anticipado una caída del PIB del 2,5 por ciento. También el director de Empiria Consultores y actual ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Hernán Lacunza, había previsto esa baja. En un escalón inferior (-2 por ciento) se ubicó el titular de Analytica, Ricardo Delgado, economista del Frente Renovador que posteriormente fue designado subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal, en la cartera que conduce Rogelio Frigerio.

No hubo cambios bruscos en el escenario internacional ni factores climáticos que permitieran justificar los gruesos desaciertos. Al contrario, los sucesos externos con más impacto en la economía local jugaron a su favor. La economía de Brasil inició su derrumbe en 2015, contrayéndose un 3,8 por ciento, cuando los analistas consultados por el Banco Central de ese país preveían, en septiembre de 2014, que iba a crecer un 1 por ciento. Es decir, si el PIB de Brasil hubiera aumentado como se anticipaba, el error de las consultoras locales hubiera sido más grosero todavía. Las inundaciones afectaron la cosecha esperada y, por lo tanto, también apaciguaron sus errores.
El pesimismo se interrumpió de forma abrupta ante la perspectiva de cambio de gobierno. Para 2016, las consultoras pronosticaron un período de ajuste muy corto y que volvería el crecimiento con vigor desde el célebre segundo semestre. Elypsis fue vanguardista. En su informe de febrero de 2015, titulado “2016: el año del rebote”, preveía un alza del PIB de 4 por ciento. Más eufórica resultó la proyección del economista Luis Secco que, en marzo de 2015, confirmó el vaticinio de recesión también previsto antes por sus colegas y auguró que, en la segunda mitad de 2016, el ritmo de crecimiento sería del “7/8 por ciento”. Cuando Macri asumió la presidencia, Secco fue nombrado jefe de Gabinete del Banco Nación. Analytica también se entusiasmó; en enero de 2016, con las principales políticas ya en funcionamiento, su nuevo Director, Rodrigo Alvarez, pronosticó un alza del 1 por ciento para ese año. Empiria Consultores presentó la previsión menos favorable; después de su fallida expectativa de recesión en 2015, calculó, en enero de 2016, un virtual estancamiento (-0,1 por ciento).
En 2017 vuelve a reinar el optimismo entre los gurúes más conocidos; prevén un incremento del PIB de entre 3 y 5 por ciento.
El modelo de alimentar expectativas positivas para tratar de inducir un comportamiento expansivo de empresas y consumidores, sobreestimando el nivel de crecimiento y recortando las proyecciones a medida que se vislumbran que serán incumplibles, se ha aplicado ininterrumpidamente en Brasil desde 2012. En un escenario donde el gobierno viene empleando medidas de corte liberal similares a las de nuestro mayor socio comercial, deberíamos esperar que la misma estrategia de engañosa promoción del crecimiento se repita en Argentina, como ya empezó a suceder con los recortes en las proyecciones de crecimiento del FMI.

Pronóstico  papelón:
Eduardo Levy Yeyati dijo que 2016 sería “el año del rebote” y pronosticó un crecimiento del 4 por ciento.
Luis Secco auguró que en el segundo semestre el ritmo de expansión del PIB sería del 7 u 8 por ciento.
Rodrigo Alvarez fue más moderado, pero arriesgó que en 2016 el crecimiento sería al menos del 1 por ciento.
Hernán Lacunza y Ricardo Delgado, ahora funcionarios de la provincia de Buenos Aires y del gobierno nacional, eran pesimistas para 2015, cuando la economía creció, y aventuraban un 2016 promisorio.
Consultoras y bancos encuestados por LatinFocus decían que el año pasado la economía tendría una baja moderada del 0,3 por ciento, cuando se ubicó en torno a -2,5.


Eduardo Levy Yeyati
Luis Secco
Hernán Lacunza
Ricardo Delgado

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Veamos lo que el mismo Ministro de Hacienda de Cambiemos pronosticaba, al comienzo de su gestión, para el 2016:

Prat Gay pronosticó de 0,5 al 1% de crecimiento en 2016 y anticipó el préstamo de un pool de bancos para la semana próxima.
14.01.2016
El ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay amplió hoy las metas comunicadas ayer y pronosticó que la economía tendrá un suave crecimiento de entre 0,5 y 1 por ciento en 2016. También estimó que entre 2017 y 2019 la tasa de expansión será del orden de 4,5%.
Ayer había especificado que anticipaban una reducción del 1% del déficit primario y una contracción de la inflación a una tasa del 20 al 25 por ciento anual, con un crecimiento económico producto de "la liberación de las fuerzas productivas y creativas" reprimidas por los condicionamientos y restricciones de la política económica del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
De acuerdo con agencias internacionales, Prat Gay señaló que "el gobierno de Mauricio Macri debe ordenar variables económicas luego de cuatro años de estancamiento" y reiteró que espera "una mejor performance de la economía durante el segundo semestre del año cuando maduren las decisiones económicas que comenzó a implementar la nueva administración". 
Por su parte, el economista José Luis Espert consideró de acuerdo a sus estimaciones que si se verifican las condiciones de que "haya un acuerdo pronto con los holdouts y el Tesoro lograra colocar deuda significa, puede que Prat Gay llegue al margen superior de la meta de inflación para 2016, un 25%. 
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Como vemos, ni el mismo ex ministro Prat Gay es confiable en materia de pronosticar lo que puede suceder en la economía argentina, como ya lo habíamos advertido en Basurero Nacional al otorgarle el Premio "Manochanta de Oro 2016"
Es oportuno mencionar que en plena campaña proselitista de 2015 afirmó livianamente que "una devaluación no provocaría grandes costos en materia inflacionaria porque en la práctica la economía se manejaba con la cotización de otros tipos de cambio, como el contado con liquidación o el blue. 'El mismo dijo “Con nuestra propuesta, que será coherente con un programa económico, lo que va a suceder es que subirá el dólar oficial, que prácticamente no afecta a nadie, y van a bajar los otros, que afectan a la gran mayoría de la población”, afirmó. “El dólar a 9,50 no existe”, aseguraba más desafiante el propio Mauricio Macri. Las advertencias sobre los riesgos de ocasionar una estampida de precios al mover el dólar de 9,65 a 15 pesos, como estimaba el candidato en aquel momento, eran descartadas, y quienes las hacían eran tratados de ignorantes. “Es algo que Daniel Scioli no entiende”, apuntaba por ejemplo Prat-Gay".
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Otras notas de Basurero Nacional sobre el tema:

13 DE NOVIEMBRE DE 2015
El macrismo asegura que devaluar un 50 ó 60% no producirá inflación y deterioro del salario. ¿Es creible?

3 DE AGOSTO DE 2015
¿Un pronóstico acertado sobre la economía de 2015? El nuestro...


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